Por: Omar Villalba (Abogado – Ex Concejal en Baruta en Caracas)

Esta semana la Sultana del Ávila, la ciudad de los techos rojos, La Cuna del Libertador, La Sucursal del Cielo, La Muy Noble y Leal Ciudad de Caracas conmemoró 453 años de fundación. Celebró su cumpleaños en un momento peculiar. Nuestra ciudad es la Ciudad de las Maravillas. En Caracas se puede encontrar las cosas más sublimes hasta las más profanas. Desde los elementos más formales y serios, hasta las cuestiones más pintorescas. Caracas es como un gran mosaico de claros oscuros que cuando se observa a la distancia no presenta una imagen digna del País de las Maravillas.

Nuestra ciudad tiene lugares tan hermosos como el Centro, la Plaza Bolívar con su arquitectura neoclásica y colonial. La Universidad Central, el  Boulevard de Sabana Grande, la Catedral de Caracas, La Casa Natal del Libertador Simón Bolívar, El Palacio de Miraflores, La Pastora, la Casona, La Casa de Campo de Guzmán Blanco, El Palacio Federal Legislativo, La Quinta Anauco y pare usted de contar. Pero también tenemos esos cerros llenos de barrios que nos recuerdan las deudas que tiene la élite política —desde el boom petrolero hasta la actualidad— con el pueblo de Caracas.

Santiago de León de Caracas, ese es su nombre. Su signo el León, que sostiene con una garra la concha del viajero y la Cruz de Santiago. Santo español, hermano de nuestro Señor Jesús, que según se reposa en la Compostela, Galicia, en el Reino de España. Santo que, por cierto, los españoles, durante la conquista, llamaban cuando se enfrentaban a los pueblos amerindios que presentaban resistencia. Hija de la fortuna, mestiza a más no poder, tan hermosa como peligrosa.

Son contados con los dedos aquellos corazones que se resisten a sus encantos. Y, en este momento, son demasiados los corazones que suspiran por ella. Que anhelan un poco del cerro esmeralda que la rodea, que quieren una probada de su locura. De su gente yendo tan cálida como grosera. De su sitios hermosos y oscuros a la vez. Una probada de ese sabor a maravilla que se pueden degustar sin caerse por un agujero de gusano o tomarse una píldora que te hace pequeño y otra que te hace grande.

Pero no solo la extrañan aquellos que han tenido —por un sinfín de razones que no tienen cabida en este escrito— que dejar el país y se encuentran en otras tierras, partiéndose el lomo para conseguir un mejor futuro. Sino aquellos que se encuentran encerrados en casa por culpa de esta pandemia. También la extrañan aquellos que viven el día a día y tienen que moverse por sus calles con sutileza, con un sigilo digno de las sombras, para conseguir un poco de dinero para comer.También la añoran aquellos que ante esta crisis, han visto como su calidad de vida se ha visto disminuida por los bajones de energía, por la escasez de agua. Muchos hemos sido testigos de su deterioro, con cierta tristeza hemos visto como esta dama tan interesante ha decaído, no solo por un gobierno indolente, sino por un caraqueño que prefiere ser poblador en vez de ciudadano. Que prefiere pasar de la belleza de su ciudad, que ha perdido el amor por ella. No profesamos por Caracas —salvo en los partidos  de Baseball y Futbol— ese orgullo que uno los estadounidenses sienten, por ejemplo, por New York. Sí, las diferencias son abismales, pero eso poco importa para quienes la aman de verdad.

En este momento Caracas está abandonada, sola; sufriendo una sequía y bajones de energía. Su población está encerrada, temiendo a una pandemia que parecía va para largo. Estamos solos frente a lo desconocido. Cada uno de nosotros luchando su cruzada personal contra los demonios que nos aquejan debido al encierro, por culpa de la incertidumbre.

Es por ello, que en medio de esta vicisitud debemos tener más entereza. Fortaleza de ánimo para sobrellevar este trance. Pero, por encima de ello debemos ser más conscientes; especialmente en lo que respecta al cuidado. Mientras más cautelosos seamos a la hora de tratar con el virus, mayor serán nuestras probabilidades de volver en poco tiempo a la nueva normalidad. Una nueva forma de vivir que exigirá grandes retos para esta ciudad. Obstáculos que solo seremos capaces de superar con una forma de pensar, siendo más considerados, pensando más como ciudadanos que como moradores.

Creo que el mejor regalo que le podemos hacer a nuestra ciudad, es salir de este problema con una nueva mentalidad. Con una espiritualidad superior y un ánimo renovado. Con un deseo de ser mejores, lo que pasará por hacer de nuestra ciudad un mejor lugar.

Por ahora, el mayor regalo que podemos darle a Caracas es tratar de hacer, para nosotros y los demás, más llevaderos este trance. Recordar, como se habló en el otro artículo, que si bien todos estamos recorriendo la misma senda, no todos llevamos las mismas sandalias. Y a futuro ser más considerados con nuestra Ciudad.

***Las opiniones emitidas en el presente artículo pertenecen exclusivamente a su autor***