La ciudad argentina de Buenos Aires transitó este lunes con cautela la primera jornada de flexibilización de la cuarentena que rige desde el 20 de marzo por la pandemia del nuevo coronavirus (COVID-19).

La nueva etapa, que se extiende hasta el 2 de agosto, incluye la reapertura de comercios de rubros no esenciales de cercanía, excepto los de indumentaria y calzado; la actividad gastronómica únicamente en la modalidad “para llevar”, sin permanencia en el recinto; y la labor de escribanos y del personal administrativo de instituciones educativas.

“Ahora sí pueden abrir los locales de cercanías, los que no son esenciales. Ojalá se mantenga, pero depende de todos nosotros, de respetar las medidas”, dijo a Xinhua la pensionista Isabel Guerrero durante un recorrido por el barrio de Belgrano, al norte de la capital argentina.

La mujer recordó que la cuarentena por la COVID-19 inició en Argentina el 20 de marzo y es una de las más extensas a nivel mundial: “Creo que se hicieron las cosas bien para mantener el bajo nivel de contagios y de muertos. Está bien que siempre detrás de un número hay gente, familias que han perdido a sus seres queridos, pero creo que se hicieron las cosas bien”, sostuvo la mujer.

Portavoces del gobierno de la capital argentina dijeron a Xinhua que unos 70.000 comercios volverán a funcionar en la nueva etapa, sumándose a los que permanecieron abiertos por pertenecer a rubros esenciales, como supermercados, farmacias y almacenes barriales.

Del total de comercios no esenciales habilitados para funcionar desde este lunes, el 60 por ciento de ellos abrió sus puertas, con un promedio de facturación del 22 por ciento en la comparación con el mes de marzo.

El hecho de flexibilizar la cuarentena “era necesario, porque la situación se estaba poniendo complicada, sobre todo para aquellos que nos manejamos en forma independiente”, señaló el arquitecto Marcelo de Bernardis.

El hombre lamentó que durante cuatro meses no pudo dar trabajo a sus habituales colaboradores, especialmente a los que viven en la provincia de Buenos Aires y que no podían ingresar a la capital argentina a raíz de estrictos controles en los accesos.

La reapertura “se supone que facilita un poco la vuelta a la normalidad, pero la realidad es que se ha notado y mucho (la falta de trabajo), fueron cuatro meses de no facturar ni un solo mango (peso)”, afirmó el profesional.