***Los tiempos de pandemia en la Argentina parecieran haber fortalecido al Estado controlador. Restricción de libertades individuales, económicas y hasta expropiaciones, han marcado estos 100 primeros días de cuarentena, que parecieran alargarse.

La libertad tiene su correlato en la responsabilidad. Probablemente es esa la razón por la cual, sin saberlo, muchos son los que defienden y se dicen ser libres pero en el fondo le temen a las responsabilidades que ello acarrea. 

Agustina Blanco es periodista e investigadora argentina, trabaja para Fundación LIBRE, una organización apartidaria que busca promover el respeto por la libertad individual, la propiedad privada y el republicanismo. A juicio de  Blanco, en América Latina se le tiene mucho miedo a la palabra libertad porque el ciudadano se ha acostumbrado a que el Estado se responsabilice siempre por él. 

“Particularmente en Argentina, desde 1880 a la fecha, hemos sido acostumbrados a que el Estado se tiene que responsabilizar por vos como individuo, pero para poder responsabilizarse te limita. Sin límites, no te pueden controlar”, comenta Blanco. 

Un ejemplo claro y actual del control del Estado sobre las libertades individuales en Argentina es la cuarentena. A criterio de Blanco, el Estado se atribuye funciones que no le son propias y restringe las libertades. “No puedes salir a trabajar y si tienes una empresa entonces no puedes abrirla”, dice Blanco. 

Todas estas restricciones hacen pensar que al presidente Alberto Fernández no le importase la economía. “No es la primera vez que nos dice (el Presidente) que es necesario salvar vidas, pero salvar vidas también significa comer y hay quienes se están quedando sin empleo”, agrega Blanco. 

El endurecimiento de la cuarentena – en Buenos Aires esta semana se aplicarán medidas restrictivas de circulación más severas – es para Blanco una manera de controlar que tiene el Estado a través del miedo. “Lo más seguro que pase es que cada vez que termine una etapa de la cuarentena comience otra, como nos ha venido pasando en los últimos cien días, siempre amenazados con volver a la  fase inicial”, acota Blanco. 

Al comparar las medidas que tomaron otros países como Japón, que ha controlado la expansión de Covid19 y en donde nunca la cuarentena fue punitiva y siempre se sugería a la ciudadanía a mantener el distanciamiento social, Blanco se pregunta por qué el Estado en Argentina no se permite esa oportunidad de probar un método que no limita las libertades y que pareciera ser más exitoso que la fórmula restrictiva. 

Del gran Estado que distribuye la riqueza equitativamente 

La distribución igualitaria de la riqueza fue el lema de Juan Domingo Perón en la Argentina, una consigna que en los hechos se tradujo en la estatización de empresas, reformas constitucionales y populismo. 

“El populismo es el gran problema de América Latina. Todos los países hemos sido castigados por populistas. Pareciera ser que es más fácil y cómodo que alguien desde arriba nos de algo”, dice Blanco, a la par que sostiene que el problema es que lo que distribuyen es miseria y lo obtienen del bolsillo de los que trabajan.

Precisamente esa es la fórmula para sostener un Estado paternalista, obtener a través de los impuestos los recursos financieros para mantener a flote ese Estado protector que, desde la óptica de Blanco, es una especie de “Gran Hermano”. 

“¿Qué hacemos con el ciudadano que tiene realmente las ganas de superación a si mismo, con aquellas personas que realmente trabajan y estudian para tener un futuro mejor? A ellos los llenamos de impuestos porque necesitamos financiar todo este gran gasto público que tenemos”, acota Blanco enfatizando que así se asfixia al individuo que quiere trabajar.

Estas políticas que buscan extraer del bolsillo de quienes trabajan y generan empleo para redistribuir la riqueza, son contrarias a la meritocracia, una palabra que Blanco define como “polémica”. 

“La meritocracia no está bien vista en América Latina. La palabra mérito no tiene nada de negativo. Para mí no hay nada más digno que ganarme la cosas con el sudor de mi frente. ¿Qué hay más digno para el ser humano que tener esa capacidad?”, se pregunta Blanco para quien “el trabajo dignifica al hombre y es alimento moral y espiritual”. 

El miedo por la expropiación de Vicentin

Uno de los temas que ocupa la agenda informativa en la Argentina las últimas semanas ha sido el anuncio del presidente Alberto Fernández de la expropiación de la agroexportadora Vicentin, una medida duramente criticada por un sector de la población, que teme estar frente al inicio de una ola de expropiaciones al mejor estilo de Hugo Chávez en Venezuela. 

Blanco se confiesa aterrada ante la posibilidad de tener una república a la venezolana y asegura que el caso de Vicentin es un atropello a la libertad individual y a la propiedad privada. Considera la medida expropiatoria como un castigo al empresario. 

“Los argentinos hemos tenido en el oído a Hugo Chávez diciendo: exprópiese y esto nos ha despertado y nos hace darnos cuenta de lo que está pasado”, asevera Blanco, quien confiesa que a si bien Argentina ha sido un país históricamente populista, nunca llegó a los extremos de expropiar. 

La esperanza de Blanco y de muchos argentinos es que todavía existan vestigios de justicia y que los jueces que tienen la causa Vicentin, no permitan que avancen en la expropiación.