Por: Jesús Alberto Fernández

Hoy, 24 de Junio conmemoramos 199 años de la batalla de Carabobo. La batalla que marcó el final de la lucha independentista y la salida definitiva de las fuerzas realistas del territorio venezolano. Fue una lucha desigual, donde los patriotas venezolanos estuvieron hombro a hombro, enfrentando a un ejército sin igual. Pero que con mucho carácter, determinación y sobre todo, unidos en una sola causa, lograron sobrellevar obstáculos que sobre pasaban la imaginación.

Casi 200 años después, Venezuela continúa inmersa en una lucha por mantener su independencia, su idiosincrasia. Donde la lucha se ha centrado en buscar salidas democráticas, políticas, electorales y legales, pero también, donde se ha dejado a un lado la necesidad de construir un sentimiento de unificación nacional.

Hoy en día hemos vendido un “proyecto” que se basa en la salida de unos enquistados pero no hemos podido vender lo que queremos para Venezuela y los venezolanos. Hemos perdido el sentido de nuestras posiciones políticas y sobre todo hemos perdido el carácter humano que nos caracterizaba. Estamos concentrados en cómo hacer político, electoral y legalmente para salir de esta dictadura a cambio de abandonar a nuestra gente en sus reclamos y necesidades diarias.

La semana pasada recibí la llamada de un gran amigo con el que tenía tiempo sin conversar. Entre las muchas cosas que hablamos, me comentó que estaba sufriendo para conseguir comprar comida para sus 2 hijas y su esposa, una de sus niñas enfermó y poder comprar un antibiótico fue toda una tragedia, tiene 4 meses sin recibir agua por tubería, la electricidad la tienen apenas unas 12 horas al día y se siente absolutamente humillado cada vez que tiene que hacer hasta 6 horas de cola para comprar gas.

Ciertamente son problemas que son complejos de resolver sin que antes existan garantías suficientes para invertir y producir en Venezuela y sin que antes hayan los cambios en las políticas nacionales, pero si es posible acompañar a los venezolanos en su reclamo. Es posible estar junto a ellos y hacerlos sentir que son escuchados, que vean y sientan que sus necesidades también son nuestras necesidades, que el hecho de ostentar un cargo público o de ser dirigente político no nos hace extraterrestres o ajenos a la realidad venezolana que ellos mismos padecen.

Muchas veces los dirigentes políticos cuando logramos alcanzar un cargo público nos empiezan a decir que hemos abandonado a nuestra gente, que ya no hacemos los recorridos que hacíamos en campaña, que solo los visitamos cuando necesitamos los votos. De cierta forma eso es cierto, la oficina que ahora nos toca llevar adelante (concejos municipales, alcaldías, gobernaciones, etc) nos demanda mucho trabajo y no es el mismo tiempo el que se tiene, pero eso no debe ser una excusa para no seguir acompañando a quienes nos debemos.

El servicio público no empieza cuando se obtiene un cargo, el servicio público empieza cuando cada uno de nosotros decide sacrificarse y se compromete a servir, a todos, sin distinción alguna. Cuando ese sacrificio y compromiso pone a un lado la insensibilidad y se dedica en alma y corazón a personas que probablemente nunca conoceremos ni sabremos quienes son, pero que tienen rostros, nombres, familias, sueños y esperanzas, que tienen historias que contar, esta es la verdadera razón por la que nosotros nos dedicamos a servir.

Desde hace muchos años, la mayoría de los políticos, se han dedicado a sus cargos olvidando sus bases, sus orígenes. Dejaron de acompañar a la gente en su día a día, porque no es lo mismo conocer lo que hace falta, a escucharlo diariamente de aquellos que lo padecen. Y hoy seguimos haciendo lo mismo, la oposición venezolana ha estado muy concentrada en cómo salir de la dictadura pero ha olvidado lo más fundamental, que deben ser todos los venezolanos los que encontremos la forma.

Hoy, a 199 años de una batalla crucial en nuestra historia, donde miles de venezolanos, de distintos colores, razas, creencias, posiciones económicas y sociales se unieron en su solo objetivo: salir de la opresión española, le hago una llamado a todos los venezolanos, pero en especial, a quienes decidimos dedicarnos a servir a los demás. Dejemos a un lado el “yoismo”, apartemos los cálculos personales y dediquémonos a construir un verdadero sentimiento nacional de libertad. El liderazgo nacional debe renovarse, debe salir al encuentro con la gente, el liderazgo regional y local también debe hacerlo.

Hoy nos toca construir y vender un sueño, una esperanza, una luz que nos indique el camino hacia donde TODOS, azules y rojos, podamos identificarnos y dirigirnos. A donde podamos visualizar a nuestros hijos y nietos en el futuro, viviendo plenamente y con todas las posibilidades de una vida digna y próspera. Es el momento donde debemos, de una vez por todas, empezar a liderar más que ordenar.



No podemos seguir vendiendo -vota por perencejo porque él es opositor-, tenemos que empezar a vender lo que se va a hacer para que la gente viva mejor, tenemos que además poder respaldar esa promesa con acciones, hechos no palabras y después tenemos que tener la suficiente entereza moral y cívica de cumplir con la gente.

Venezuela no necesita un mesías, Venezuela necesita de todos los venezolanos, unidos y trabajando con un solo objetivo: su Libertad.

Dios bendiga a los venezolanos y que Dios bendiga a Venezuela

***Las opiniones emitidas en el presente artículo pertenecen exclusivamente a su autor***