El presidente de Datanalisis, Luis Vicente León, fijó posición respecto al nombramiento de las nuevas autoridades de Consejo Nacional Electoral (CNE) por parte del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).

A través de sus redes sociales, León aseguró que “la posibilidad de que la mayoría de los electores opositores acepten una invitación parcial a votar en ese evento es nula. La posibilidad de que la participación electoral opositora, más allá de que las condiciones sean inadecuadas, se convierta en una estrategia de movilización masiva nacional, que construya un momentum de lucha política por los derechos…es nula.”

Para el Presidente de Datanalisis no existe posibilidad de que la comunidad internacional, que hoy no reconoce a Maduro y distintas instituciones de Venezuela, vea con buenos ojos este nuevo CNE.

León aseveró que la solución electoral en Venezuela hoy está más lejos que nunca.

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Un CNE nombrado fuera de los canales regulares constitucionales, sin participación de la Asamblea Nacional, ni el Comité de Postulaciones, sin que sus miembros sean producto de un acuerdo político nacional que permita a la institución recuperar la confianza pulverizada, con un evidente sesgo numérico de directores a favor del chavismo, a quien entregan su control (sin contar con el control absoluto de la revolución de las Salas Constitucional y Electoral del TSJ), y pincelar de “apertura” el nombramiento del directorio CNE con algunos representantes no chavistas, relacionados con actores minoritarios de la oposición que, independientemente de su derecho inalienable a participar en política, no la representan de manera integral, ni obtiene la confianza de sus colegas mayoritarios como para provocar acuerdos opositores de participación, no sólo no resuelve el problema sino que lo agudiza, pues sin acuerdos, ni confianza institucional, ni representantes creíbles para las mayorías, la posibilidad de que el evento electoral parlamentario sea competitivo es nula. La posibilidad de que la oposición institucional participe en estas condiciones es nula. La posibilidad de que la mayoría de los electores opositores acepten una invitación parcial a votar en ese evento es nula. La posibilidad de que la participación electoral opositora, más allá de que las condiciones sean inadecuadas, se convierta en una estrategia de movilización masiva nacional, que construya un momentum de lucha política por los derechos…es nula. La posibilidad de que la parte de la comunidad internacional que hoy no reconoce ni al gobierno de Maduro, ni al TSJ, ni a la AN de Parra si reconozca al CNE y su labor electoral es nula y la posibilidad de que encontremos, cómo país, una solución al conflicto y la crisis por la vía electoral ahora luce más lejos que nunca. El drama es que con cualquiera de estas conclusiones, individualmente, ya el país estaba enfrentando un desastre y su combinación lo amplifica exponencialmente.

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Un CNE nombrado fuera de los canales regulares constitucionales, sin participación de la Asamblea Nacional, ni el Comité de Postulaciones, sin que sus miembros sean producto de un acuerdo político nacional que permita a la institución recuperar la confianza pulverizada, con un evidente sesgo numérico de directores a favor del chavismo, a quien entregan su control (sin contar con el control absoluto de la revolución de las Salas Constitucional y Electoral del TSJ), y pincelar de “apertura” el nombramiento del directorio CNE con algunos representantes no chavistas, relacionados con actores minoritarios de la oposición que, independientemente de su derecho inalienable a participar en política, no la representan de manera integral, ni obtiene la confianza de sus colegas mayoritarios como para provocar acuerdos opositores de participación, no sólo no resuelve el problema sino que lo agudiza, pues sin acuerdos, ni confianza institucional, ni representantes creíbles para las mayorías, la posibilidad de que el evento electoral parlamentario sea competitivo es nula. La posibilidad de que la oposición institucional participe en estas condiciones es nula. La posibilidad de que la mayoría de los electores opositores acepten una invitación parcial a votar en ese evento es nula. La posibilidad de que la participación electoral opositora, más allá de que las condiciones sean inadecuadas, se convierta en una estrategia de movilización masiva nacional, que construya un momentum de lucha política por los derechos…es nula. La posibilidad de que la parte de la comunidad internacional que hoy no reconoce ni al gobierno de Maduro, ni al TSJ, ni a la AN de Parra si reconozca al CNE y su labor electoral es nula y la posibilidad de que encontremos, cómo país, una solución al conflicto y la crisis por la vía electoral ahora luce más lejos que nunca. El drama es que con cualquiera de estas conclusiones, individualmente, ya el país estaba enfrentando un desastre y su combinación lo amplifica exponencialmente.