La fábrica japonesa de automóviles Nissan anunció hoy al gobierno de España el cierre de sus plantas en Barcelona, donde laboran 3.200 personas y genera unos 25.000 empleos indirectos.

Tras el confinamiento de los dos últimos meses, la planta reabrió sus puertas, pero para cerrar poco después debido a la huelga indefinida que mantenían los trabajadores de Montcada desde el pasado 4 de mayo ante la pérdida de carga de trabajo de la armadora y la incertidumbre sobre su futuro.

Las causas que motivaron el cierre son varias, pero el enfriamiento económico del último medio año, la crisis provocada por las huelgas y el proceso independentista abierto por algunas formaciones políticas, se sumó la salida masiva de la inversión extranjera y, finalmente, la crisis por la pandemia de la enfermedad del nuevo coronavirus (COVID-19).

 Nissan zanja así una presencia de 40 años en Barcelona.

Fue la primera empresa automovilística japonesa con planta en Europa, después de adquirir la antigua Motor Ibérica con el objetivo de tomar posiciones ante el inminente ingreso de España en la Unión Europea y evitar así los aranceles y las cuotas de importación vigentes entonces.

La empresa japonesa empezó con el todoterreno Patrol, su vehículo más longevo, y con la Nissan Vanette, aunque la planta de Barcelona nunca consiguió hacerse con la producción de un turismo.

De acuerdo con el comité sindical, la empresa quiere abrir unos días únicamente para terminar un pedido de pick up de Mercedes Clase X, antes de que el contrato expire este mayo.

El gobierno español propuso a la multinacional la creación de un grupo de trabajo para “estudiar escenarios alternativos que garanticen la continuidad de la actividad industrial”, pero todo apunta a que la decisión de Nissan ya está tomada.

Pese a la decisión de Nissan, el gobierno cree que la continuidad de la factoría es “posible” mediante el plan de viabilidad que el equipo del Ministerio de Industria presentó hace meses a la multinacional, en el que se estimaba en 300 millones el coste de adaptar las instalaciones para producir un nuevo modelo eléctrico.

La compañía designó a Frank Torres, antiguo director de operaciones de la firma en España, para gestionar el proceso de desmantelamiento de las instalaciones.