Redactado por: Luis Stefano Murgueytio Toro

Por primera vez el fútbol se paró por completo. Las ligas de Europa, América, Asia y África se vieron afectadas por el COVID-19.  Algo que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial donde solo se vio afectado el viejo continente.

Estamos ante una situación nunca antes vivida anteriormente, el deporte siempre continuaba y era el bálsamo para controlar las emociones y poder despejar la mente, pero ahora el futbol también bajó el telón.

El coronavirus le arrebató la sonrisa al futbolista brasileño, la gambeta al argentino, la templanza al italiano, la garra al charrúa y la rudeza al senegalés, todos los gentilicios soltaron los tacos y se pusieron los tapabocas para tomar las vacaciones más largas que pueda tomar un futbolista. Son más de dos meses de confinamiento donde las piernas van perdiendo fuerza y la magia se va apagando, pero el hambre de volver no se apaga y, por esta razón, los futbolistas desde sus casas patean hasta un envase de leche como hacían en sus inicios algunos jugadores para recordar lo que es tocar una pelota.

La ansiedad cada día es mayor para futbolistas e hinchas. Los partidos repetidos no son lo mismo y añoramos ver el “En Vivo” en la parte superior de nuestras pantallas. Añoramos el grito de ¡GOL! y hasta cuando nos acostamos escuchamos esa palabra que retumba en nuestras cabezas. Pero se ve una luz al final del túnel y ya en Alemania, gracias a que la curva de infectados ha bajado exponencialmente, dieron luz verde para arrancar eventos deportivos.

Será este 15 de mayo cuando vuelva la Bundesliga y podamos volver a ver a 22 jugadores sobre ese rectángulo cubierto de césped y rayas de cal, luchar por un balón como si se tratara de la lucha por conseguir la libertad de una nación.

Ese día volverá el tan amado deporte rey. Pero no será igual. No lo será. Las gradas estarán completamente vacías y no se escuchará el murmullo de los hinchas cuando los jugadores estén pasando por el túnel hacia la cancha. Los cánticos y gritos se apagarán como la llama olímpica se apaga al terminar los juegos. Los llantos cuando se falla un penal y la presión que pone el jugador numero 12 ya no estará. Los saludos y apretones de manos estarán prohibidos, el entrenamiento previo a los duelos será en números reducidos de jugadores  y no toda la plantilla podrá entrenar junta. Las celebraciones al marcar un gol deberán ser reducidas a una sonrisa y no más. La salud está primero.

En el banco de suplentes habrá distancia de un puesto por jugador y todos deberán usar  tapaboca. No se permitirá ningún tipo de acercamiento entre ellos, al menos que sea estrictamente necesario. El deporte rey tendrá que cambiar toda su estructura si quiere ajustarse al mundo post COVID-19.

Nadie dijo que sería fácil esta nueva era que nos tocará vivir. No sabemos si los futbolistas podrán cumplir con todas estas demandas de buenas a primeras. El gol es la conclusión de un trabajo en equipo y por ende amerita el abrazo lleno de algarabía por parte de los jugadores,  pero esto se acabó y solo toca sonreír a la cámara, ya que ni público se tendrá. Las reglas han cambiado, es verdad, pero la pasión continúa más fuerte que nunca. No se debe desistir y hay que ajustarse a los cambio. Tiempos difíciles crean hombres fuertes, así que son noventa minutos que nos toca jugar otra vez y estoy seguro que saldremos campeones una vez más.

***Las opiniones emitidas en el presente artículo pertenecen exclusivamente a su autor***.

Luis Stefano Murgueytio Toro
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